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Nº 24 - Abril/Mayo 2006 |
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DOS AÑOS, DOS Andrés Aberasturi No es fácil abstraerse del ambiente general que nos rodea y hacer un juicio crítico pero desapasionado de los dos primeros años de legislatura del presidente ZP. Y tal ves esta dificultad sea la característica más acusada del tiempo que nos toca vivir. Como en el romance de Lorca se acabaron los periodistas que iban por el monte solos y empiezo a dudar muy seriamente si esa bolsa de eternos indecisos electorales seguirá estando tan decisivamente llena como venía siendo tradicional. Lo que vive España es ya el paso siguiente a un crispación generalizada; estamos instalados en la radicalización y las posiciones parecen irreconciliables. Desde los medios de comunicación se adoctrina más que se informa y en la sociedad que toma café con churros por las mañanas cada cual ocupa su plaza de fumador o no fumador con la misma naturalidad que ocupa su trinchera de pro PSOE o pro PP. Y no hay argumento capaz de rebajar esta tensión propia de tiempos más convulsos que los que vivimos. ¿Qué ha pasado para que hagamos llegado a esta situación de desencuentro? Pues seguramente varias cosas que nos permitirían también analizar, muy encima, el tiempo presidencial de ZP. Y lo primero que habría que recordar es cómo se celebraron las elecciones que ganó el PSOE y el clima emocional y político que se produjo tras los atentados del 11-M: una jornada de reflexión que no se respetó, la sorpresa del PSOE, la decepción del PP no asumida del todo hasta mucho después y una política de alianzas de ZP un poco contra natura. De esas alianzas necesarias para colocar a Maragall en la Generalitat y para conseguir estabilidad en el Gobierno, se derivaron otras decisiones polémicas: la revisión del Estatuto catalán y un camino incierto y apresurado en Euzkadi con nuevas estrategias y el anuncio de algo que nunca existió al menos hasta la fecha: el famoso comienzo del principio del fin. Si todo este caldo lo sazonamos con un par de decisiones llamativas como el matrimonio gay o las clases de religión y un par de escándalos tipo la condenación de deuda al PSC por parte de La Caixa y la famosa OPA de Gas natural, tenemos el ambiente propicio para lo que parecería propio de tiempos más confusos y oscuros que los actuales. Pero así están las cosas y así van a seguir porque nadie parece querer poner fin a esta sinrazón que nos perjudica un poco a todos. Si el Gobierno no se da cuenta de que puede aislar al PP en el Congreso pero es muy difícil aislar a diez millones de ciudadanos, no vamos a ninguna parte. O dialogan o todo pagaremos el peaje del desencuentro. |