Nº 23 - Julio/Agosto 2005

 

 

La política y la gente

No sé si mis percepciones son las mismas que las de la mayoría, pero veo al país en una situación preocupante, ni convulso ni tranquilo, ni en alerta ni confiado. No me parece positiva esa situación por varios motivos: lo primero porque me parece un reflejo de una política de salón previsible y vacía que hacen el PSOE y el PP; en segundo lugar porque esta apatía aparente, ese mirar de reojo lo que sucede sin saber del todo que va a pasar, no es el mejor caldo de cultivo sobre el que edificar proyectos, aventuras, riesgos… todo eso que hace que una sociedad avance.

Pero es que, además, hay como un divorcio extraño entre la gente, los medios y la política. El ejemplo reciente de la desaparición de la estatua de Franco de los llamados Nuevos Ministerios en Madrid, es todo un síntoma de lo que digo. A la inmensa mayoría de los madrileños y de los españoles, la estatua ni añadía ni quitaba nada: era una piedra más entre las muchas piedras que pasaba a diario inadvertida para todos. Ni siquiera en los últimos años fue el lugar de la cita el 20-N de lo más ultras; tal vez aparecía alguno, pero nada que ver con los primeros años de la transición. Y cuando ya nadie se acordaba de la estatua, va el gobierno y la quita con nocturnidad, sin avisar al Ayuntamiento, por sorpresa. Naturalmente la oposición –que me consta pensaba pasar del tema- termina entrando al trapo y los medios de comunicación elaboran en sus tertulias complicadas explicaciones para justificar y ver más allá de lo que no deja de ser una simple anécdota seguramente innecesaria.

Desde eso momento comienzan las visitas al pedestal vacío, los brazos en alto, las frases para la Historia, las flores… pero, sobre todo, las fotos. Madrid es una ciudad mirona, y los que vienen a la capital de fin de semana viene, también a mirar. Ya hay un pequeño circuito obligatorio: fotos en la Castellana al edificio quemado y un poco mas allá, fotos al pedestal vacío de la estatua de Franco. Y tan contentos con las fotos, porque al no haber víctimas en el Windsor y no acordarse de Franco casi nadie, el tema es una frivolidad festiva, una disculpa para pasar la tarde y terminar comprando algo en El Corte Ingles. La vida continúa.

Pero no el Gobierno ni la oposición que se enmaraña en estos asuntos de una forma que no termino de entender. Aquí no hay más que gestos para la galería, política de la señorita pepis, cosas que se venden muy bien (“300 medidas para reactivar la economía”) y que no son mas que humo. Comprendo que aprobar el matrimonio entre homosexuales es importante y que a mi me parece muy bien, pero no me parece una prioridad que la mayoría del país demandase con urgencia. Cosa distinta es la negociación colectiva y me sale el ministro Caldera anunciando que el abaratamiento del despido ¡no es descartable! Si el PSOE perdió el marxismo –en buena hora- hace ya muchos años, si cambió la S de Socialista por la de socialdemócrata, si con la O de Obrero asume como “no descartable” el abaratamiento del despido y la E de español la tiene hipotecada con Maragall, sólo nos queda como cierta la P de Partido pero que alguien nos diga como se come el resto de las siglas, de qué Partido estamos hablando.

No sé qué partido nos gobierna porque con la cosa del talante un día se dice que sí a una cosa y al otro se vuelve a decir que sí a todo lo contrario. Y mientras la oposición cebándose en la anécdota. Pero lo malo no es que yo no me entere de qué va este PSOE, ni siquiera que no se entere la mayoría de los españoles que no saben muy bien a qué carta quedarse. Lo que más me preocupa es que me temo que el PSOE no se entera de que va el PSOE y según le preguntes a Zapatero, Ibarra, Maragall, Bono o Patxi López, las respuestas no coinciden ni por en el color del forro. Y eso, cuando se está en el poder, es peligroso para todos. 

a.aberasturi