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COLABORACIONES
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DE LA ALTERNANCIA Y LA GUERRA Andrés Aberasturi Periodista Afirman los teóricos de los lugares comunes –especie muy abundante- que la alternancia en el poder es la base del sistema democrático. Y no. La base de la democracia es la elección puntual y libre de sus ciudadanos y si s los ciudadanos les da por votar treinta años seguidos a un mismo partido, pues la cosa podrá resultar aburrida, pero desde luego absolutamente democrática. También dicen los cínicos que el motivo de la alternancia en el poder se debe a que en la primera legislatura se gobierna muy bien para poder ganar las segundas elecciones, pero que ya una vez ganado el segundo mandato, las cosas degeneran y el poder del poder se mete en el alma como un virus y se empieza disparatar. Los cínicos, creo, están más cerca de la verdad que los teóricos de lo obvio. Y a las pruebas me remito. El caso es que al margen de unos y otros, estrenamos o reestrenamos partido en el Gobierno de España. Y la matización que he hecho no es un recurso lingüístico ni ganas de apurar la verdad. Creo que en nuestro casi tiene un valor diferente: si estrenamos partido, si este PSOE que va a acompañar a ZP al frente del Gobierno es un PSOE de riguroso estreno, las cosas pueden ir bien; si la fuerzas ocultas de «los aparatos» (los aparatos son a los partidos como la curia a la Iglesia: poderes invisibles y casi siempre negativos) entonces, las cosas no van a estar tan claras. Si ZP se sabe pero sobre todo se «siente» presidente de todos los españoles, habremos adelantado mucho pero para eso me temo deberá enfrentarse y solucionar de una vez la larga crisis que el socialismo viene padeciendo desde el enfrentamiento González-Guerra y que, hasta la fecha, siempre se ha cerrado en falso. Sólo me permito este apunte sobre el nuevo Gobierno porque no puedo pasar por alto algo que realmente es importante para nuestro país. Pero me preocupa mucho más el disparate que esta sucediendo en el mundo y que contradice, por cierto, algunas manifestaciones ante PP posteriores al desastre del 11-M. No voy a entrar aquí a reflexionar sobre la invasión «preventiva» de Irak que nunca entendí. Pero cuando en plena guerra fría antes de la caída del muro de Berlín, algunos auguraban que la tercera guerra mundial vendría desde Oriente Medio, nadie les hacía mucho caso. Pues en esa estamos: no es una guerra porque no se respetan las leyes de la guerra y no es mundial pero si se desarrolla en el mundo. Pero el mal llamado terrorismo islámico (no hay un terrorismo ateo, católico o budista sino terroristas budistas o católicos o ateos) ha convertido al mundo en el escenario posible de su fanatismo. Vivimos muy de cerca el 11-M y culpamos de la tragedia a la presencia de tropas españolas en Irak. Los terroristas ya le han dicho ZP que con sacar a los soldados no basta. Y lo que resulta del todo nuevo, incuestionable y dramático: hay más de 50 rehenes civiles de todas las nacionalidades y de todos los oficios, en manos de terroristas que están dispuesto a matar pidiendo a cambio cosas prácticamente imposibles. Aquí, en esta tercera guerra mundial que estamos viviendo no tan de lejos como parecía, han saltado todas las alarmas y nada resulta previsible. Nunca se ha invadido un país –nunca se ha hecho salvo los regimenes de infausta memoria- como quien pone una vacuna preventiva. No hay colas para abastecerse de comida, ni alistamiento de voluntarios, ni refugios. Pero coger un tren puede significar la muerte. La vida ha dejado de tener valor para unos y para otros: se mata y se muere indiscriminadamente, sin razón, por una causa que no aguanta un mínimo análisis racional. Y yo no sé que salida hay cuando quienes ya están enfrentados –e insisto en que no voy a juzgar el origen- son el pasado contra el futuro.
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