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Nº 20 - Junio/Julio 2002 |
LA
ECONOMÍA DEL MUNDO DESARROLLADO ENTRE LA RECESIÓN Y LA RECUPERACIÓN
Carlos Berzosa Catedrático de Economía Aplicada Universidad Complutense Los
analistas e institutos especializados en predicción económica no se
ponen de acuerdo en determinar si la economía de Estados Unidos está
superando la recesión, o se encuentra en una recuperación vacilante.
Los últimos datos referentes al primer cuatrimestre en cuanto
crecimiento del Producto Interior Bruto y evolución de la productividad
hacen suponer que la recesión ha sido superada y en este caso hubiera
sido corta en su duración y suave en sus efectos. Sin embargo, hay
algunos datos aún que sugieren que es pronto para lanzar las campanas
al vuelo de que se ha dejado atrás el ciclo descendente de la economía. Las
principales restricciones para conseguir un crecimiento estable vienen
determinadas, entre otras cosas, por las limitaciones de la demanda de
las economías familiares, que han tenido en los años noventa un
comportamiento basado en el excesivo consumo y en el escaso ahorro. A su
vez, las economías domésticas han visto disminuir sus rentas, como
consecuencia de la caída de los valores que cotizan en bolsa. Por el
contrario, la disminución de los tipos de interés, sobre todo en
economías muy endeudadas, juega un papel favorable al consumo. En todo
caso, no parece que estas fuerzas que juegan en sentido contrario puedan
inclinarse a favor de esta última. No
obstante, ante esta situación de cierta postración del consumo
privado, la demanda efectiva ha recibido un fuerte impulso, como
consecuencia del aumento del gasto militar puesto en marcha por el
presidente de Bush, tras el 11 de septiembre, y esto seguramente es lo
que ha impulsado a la economía en este primer trimestre del año
presente, favorecida, además, por el avance de la productividad
empresarial que puede ser la base para encontrar otra vez el camino del
auge. En todo caso, sin negar las posibilidades de poner el punto final
de la recesión, la recuperación tiene ante sí todavía muchos
interrogantes. Lo
que suceda en la economía de Estados Unidos es como se puede comprender
decisivo para el resto de la economía mundial, tanto por lo que
concierne a las economías desarrolladas, salvo la del Japón que lleva
diez años sumida en una recesión de la que no acaba de salir, como en
las de los países emergentes. Pero la influencia en la Unión
Europea(UE) será mayor si cabe por las interdependencias que existen
entre estos dos polos desarrollados de la economía mundial. La
UE en la segunda mitad de los noventa creció menos que la de Estados
Unidos y ese hecho es lo que ha servido a muchos economistas y políticos
para proponer la necesidad de acercarse por parte de la UE al
modelo liberal, en términos económicos se entiende, de la
economía estadounidense. Si a esto se le añade, el que el paro es
superior en la UE al que existe en los Estados Unidos,
se refuerzan las proposiciones que justifican la necesidad de
avanzar con más decisión por el camino de la liberalización y
privatización y en los recortes de la política social europea a la que
se consideran muy costosa y responsable de las rigideces que aún se
padecen, lo que dificulta adaptarse al ciclo económico. La
UE se debate entre avanzar más en el terreno de la liberalización y la
preservación de las políticas sociales, mientras que se padece la
recesión, y la economía alemana pasa por serias dificultades, habiendo
dejado de ser, hace tiempo ya, la locomotora potente que fue y que
tiraba con fuerza del conjunto. Desde hace un tiempo a esta parte, la UE
no tiene una locomotora y se debate en la incertidumbre de por dónde
avanzar en el futuro, una vez implantado el euro. La UE no tiene un
definido proyecto para abordar los múltiples problemas que la aquejan,
que son, entre otros, el del paro, la creciente exclusión social, las
dificultades que están surgiendo con relación a la inmigración, la
futura ampliación y el déficit democrático. La
implantación del euro ha marcado una etapa decisiva y sin lugar a dudas
de las más difíciles, pero una vez llegados a este punto la idea que
se tiene es que no se sabe por qué camino tirar para seguir
profundizando el proceso de la integración. De
momento, ha adquirido primacía la construcción del mercado único y de
la moneda única, pero con ser esto importante, no vale por sí mismo,
como se está comprobando en las recientes elecciones que se están
dando en diferentes países, y con el ascenso de la ultraderecha, que
refleja un voto de rechazo a la inmigración sino también a las múltiples
insatisfacciones que se están dando en el sistema político y económico
actual. La
implantación del euro ha sido muy bien acogido por la población
europea y la adaptación a la nueva moneda ha sido mucho mejor de lo que
en principio se podía suponer, incluso por los más optimistas. Pero
los elogios que se han hecho sobre los efectos favorables que tiene la
moneda única para la buena marcha de la economía tal vez hayan sido
excesivos y los primeros buenos augurios se pueden desvanecer en poco
tiempo si no se mejoran los pobres resultados económicos de los últimos
meses, y sobre todo si lo que hasta ahora lo que ha traído el euro es más
inflación. Por
tanto, no se puede esperar que el euro sea la varita mágica que
resuelva los problemas planteados, ni tampoco, como hacen algunos críticos,
se le pueden achacar los males que se padecen en la actualidad. Las críticas
que se han hecho al euro se refieren no tanto por lo que puede
significar la moneda única en sí que acaba de empezar su andadura,
sino por las consecuencias negativas que se van a provocar y las políticas
restrictivas que se han llevado a cabo para conseguir su implantación.
La ampliación del mercado que se puede derivar de la moneda única
no resuelve totalmente los problemas del crecimiento y de la creación
de empleo. Hace falta para ello más ingredientes y sobre todo crear
unas mayores condiciones de seguridad económica y social y avanzar
hacia una UE más social y con más credibilidad democrática. El
pronóstico que hago para el futuro más inmediato es que la UE va a
tener un crecimiento moderado y una recuperación un tanto vacilante,
que puede verse agravada si se aplican en exceso políticas restrictivas
y de déficit cero, cuando Estados Unidos hace todo lo contrario como es
la expansión del gasto público, aunque sea en fines tan dudosos como
los militares. La UE ha dado unos pasos importantes, pero claramente insuficientes si se quiere combinar un crecimiento económico aceptable con una sociedad más equitativa y menos excluyente. Se necesita para ello un apoyo al euro mas decidido por parte del Banco Central Europeo y la realización de políticas activas a favor del empleo y de la inserción de los emigrantes. En definitiva, la UE tiene que tener un proyecto político más ambicioso e ir despejando las numerosas incertidumbres que la escasa definición de los objetivos a alcanzar en el medio y largo plazo crean. La mejora del Estado del bienestar y no su recorte ante las viejas y nuevas necesidades sociales es un objetivo que hay que plantearse, pues conviene de cara al futuro adaptarse a los cambios que las nuevas tecnologías provocan, pero manteniendo y mejorando los logros sociales conseguidos en el pasado. Los cambios que hay que introducir, en una economía que presenta bastantes deficiencias, no tienen porque estar encaminados por los bonitos cánticos que los fundamentalistas de mercado dedican a las excelencias y bondades que se pueden lograr con la consecución de una economía de mercado sin apenas regulación. El modelo de Estados Unidos con sus virtudes también tiene múltiples aspectos muy criticables, como la pobreza existente, la gran desigualdad, y la cantidad de gente que queda excluida del sistema. No considero que eso sea lo mejor para una UE que padece un determinado envejecimiento, pero que también tiene vitalidad que combina con una determinada cohesión social. |