Nº 19 - Julio/Agosto 2001

 

 

SOBRE LA GLOBALIZACIÓN

Vaya por delante que uno no es en absoluto partidario de la globalización que los grandes foros internacionales nos quiere vender como la única vía posible del liberalismo.

Vaya por delante que estoy radicalmente en contra no por una pulsión más o menos visceral sino porque creo, sinceramente, que lo no único que va a hacer esta globalización occidental es hacer a los países ricos más ricos, a los desarrollados más desarrollados y a los pobres y a los en vía de desarrollo –según la nomenclatura aceptada-  más pobres y menos en vías de desarrollo.

Pero dicho esto, tampoco me veo arrancando adoquines en las calles para lanzarlos ni contra los guardias ni contra los escaparates de las hamburgueserías. Y siendo esto malo –uno ya está en contra de toda violencia- lo peor es que algunos grupos que protestan por lo mismo que yo, lo hacen elevando a los altares las imágenes de Mao o de Fidel. Pues que sepan que entre esos dos dictadores y esta Europa caduca y aburrida, me quedo con la libertad de esta Europa aunque tenga que cambiar sus esquemas por la sencilla razón de que desde la libertad sí puedo intentarlo, pero difícilmente lo podría hacer ni en China ni en Cuba. Las cosas, desgraciadamente, son como son y no como pensamos en su momento que iban a ser y luego no fueron. 

Cada vez parece más urgente encontrar esa famosa tercera vía –que nada tiene que ver con la de Blair- y empezar juntos a caminar por el difícil alambre de la justicia social, de la redistribución de una riqueza cuyo 80% está en manos del 20% de la humanidad, un desajuste de tal magnitud que no va a ser posible alargarlo indefinidamente.

Lo que los medios en general no «sacan», son los antiglobalización pacíficos, los que ni tiran piedras ni hacen otra cosa que protestar por un mundo injusto. Son –somos- la mayoría, pero no «vendemos» en televisión porque sólo denunciamos la situación con nuestra presencia y hasta en un tono lúdico que nada tiene que ver con los radicales.

Ahí puede estar el germen de algo nuevo. Los dueños del mundo no han hecho propósito de la enmienda pero tal vez les hemos obligado un poco a hacer un mínimo examen de conciencia. Y por algo se empieza.

 

a.aberasturi