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Nº 17 - Mayo/Junio 1999 |
ANALES
Una
nueva sección se incluye en la revista ACTUARIOS destinada
a recordar
la primera publicación que tuvo el I.A.E, sus Anales. En ellos
los miembros exponían sus teorías o divulgaban aquellas de las que tenían
conocimiento, en los últimos años el Instituto ha retomado su edición
para incluir en ellos los
trabajos de carácter científico-técnico más extensos relacionados
con las ciencias actuariales. La
labor de análisis y coordinación de la sección es
responsabilidad de la colegiada Ester
Arencibia que desde una narración
en primera persona, como actuaria que se siente vinculada al colegio y a
las personas que lo integran, ha hecho una elaborada sinopsis de su
nacimiento y trayectoria.
ANALES
DEL INSTITUTO DE ACTUARIOS. AÑO I, 1943.
Ester
Arencibia Urien.
Actuaria Hacer
un recorrido a lo largo de los Anales publicados por el IAE desde este
primer número hasta el último, es una tarea interesante que nos acerca
al inicio de la aventura actuarial como Institución en España.
Comenzar a leer estas recopilaciones de
trabajos de los miembros del Instituto, fruto de sus reuniones
científicas, de sus conferencias o de los cursos que se han venido
celebrando en este Colegio Profesional, permite saber de un grupo de
profesionales que se ha sabido distinguir tanto por su especialidad,
rareza para muchos, como por su verdadero interés en desarrollar una
ciencia que cuenta con sólo 2 siglos y medio de antigüedad. Pertenecer
a un colectivo así es un reto, como decía un famoso personaje de
Zarzuela «las ciencias avanzan que es una barbaridad» y en nuestro ámbito
esta alusión no constituye ninguna excepción. Somos un conjunto
curioso, por no decir peculiar, pero que a través del estudio de los
Anales del Instituto, sabemos que se distingue por su continuo interés
en ahondar en la ciencia que
le da nombre. Resaltable en este
colectivo es también su interés en la proyección al exterior, desde
el primer número de los Anales en la presentación hecha por la dirección,
se dedica uno de los tres párrafos de la misma en saludar «muy cordialmente a las entidades análogas de otros países (...).
Empiezo, pues con este paseo por los Anales del Instituto de Actuarios
Españoles utilizando como punto de partida, esta primera publicación
del año 1943. La
sesión inaugural del Instituto de Actuarios Españoles corrió a cargo
del Presidente efectivo del mismo, D. Antonio Lasheras-Sanz y se celebró
el día 9 de junio de 1943. El
origen de este logro corporativo que constituye la fundación del
Instituto, parte del Decreto de 15 de diciembre de 1942 en el cual
creando el Consejo Superior de Colegios Oficiales de Titulares
Mercantiles en España se le encomienda a este consejo la organización
del Instituto de Actuarios Españoles. Con
este acto parece ser que la profesión de actuario comenzaba a tener
coordenadas corporativas suficientes para que no se confundiese al
actuario con un secretario judicial que era, al parecer
la traducción más popular de nuestra profesión. En realidad el
término actuario comenzó a utilizarse con el significado que tiene
ahora en 1774, fecha en la que ingresó como «Assistant
Actuary» en la compañía de seguros inglesa «The Equitable»
el célebre matemático Mr. W. Morgan. En un principio este «secretario»
se ocupaba de la contabilidad y del cálculo de primas y reservas. Fue
el posterior desarrollo de las atribuciones técnicas de este puesto de
secretario lo que dio pie a la nueva posición exclusivamente técnica y
de la que se ocupó el actuario. Un repaso por la historia nos lleva a las primeras tablas de interés compuesto publicadas en Londres en 1707 por John Smart y en 1725 Moivre edita el Primer tratado de Rentas Vitalicias. Fecha de referencia la constituye el año 1900, año en el que se celebra el III Congreso Internacional de Actuarios en París, en este congreso se reunieron representantes de Alemania, Australia, Austria, Hungría, Bélgica, Canadá, Dinamarca, Estados Unidos, Gran Bretaña, Japón, Países bajos, Rusia, Suecia, Suiza, Francia y España. Para España la aventura actuarial comienza en el año 1866 con «el ensayo de tabla de mortalidad española» realizada en colaboración por Merino y Aguilar. En 1882 será J. A. Sorribas con su «ensayo de tabla de mortalidad y exposición del seguro de vida técnico» y en 1886 con su «Memoria dilucidando un tema de Seguros sobre la Vida». En 1888 J. Anguera Onrovio publica «La solvencia de las compañías de seguros de vida», «Estudios elementales del cálculo de primas, la reserva y la participación en beneficios» y « Noción elemental del cálculo de probabilidades». Una idea de previsión social aparece en 1893 con “El Estado y la reforma social” de Sanz Escartín. El mismo autor en 1896 «El individuo y la reforma social». Un año después Correa publica «Seguros: ligeras consideraciones sobre la fórmula de la prima única del Seguro llamado de vida entera». En 1899 Minguillón con «La mortalidad en el Seguro sobre la vida». Autores como J.A. Blanco, Anguera Onrovio, Maluquer continúan publicando y ahondando en la ciencia actuarial. La
primera mención a las normas actuariales en una disposición oficial
aparece en el Real decreto de 1900 sobre Accidentes de Trabajo.
Fundamental será el año 1908 con la publicación de dos leyes : la de 27
de febrero que crea el Instituto Nacional de Previsión posteriormente se
publican los Estatutos del mencionado Instituto Nacional de Previsión y
la de 14 de mayo la Ley Orgánica del Control del Seguro Privado por el
Estado. Aunque en esta Ley no se hace mención al Actuario ni a la ciencia
de la que se sirve, sí sin embargo se insta a la formalización de la
enseñanza técnica del seguro en España en el reglamento de dicha ley.
En 1910 por Real Decreto se encomienda al Instituto Nacional de
Previsión «la constitución de la Corporación Nacional de Actuarios».
Así en 1915 por R.D de 16 de abril se reorganizaron las enseñanzas de la
Escuelas de Comercio y se introdujo a los Estudios Actuariales. Progresivamente
la profesión de Actuario pasó a oficializarse con plazas expresas en los
Ministerios y sobretodo en la Dirección General de Seguros. Las ponencias científicas Dice
César Gómez de Lucía ( Actuario de Seguros y Coronel del Ejército
del Aire) en su ponencia sobre «Tratamiento
matemático de algunas estadísticas genuinamente españolas» que el
Actuario es el «artífice del complejo aleatorio» y que «su misión es
descubrir su espíritu», siendo «su herramienta la matemática» y «la
masa sobre la que opera la estadística».
En definitiva que el Actuario ha de encontrar la ley «a la que
obedecen los efectos». Además en el cálculo de probabilidades «existe
alma», mientras que en el resto de la matemática es inconmovible. Buscando
ese alma tiene, este autor la intención de utilizar
como ejemplos aplicables a la teoría de la probabilidad realidades
«castizas»
españolas como sustitución de los ejemplos exóticos con los que siempre
se ha buscado ejemplarizar dicha teoría.
Me imagino que estará haciendo referencia a lo de calcular la
probabilidad de ver un esquimal en la Gran Vía. D.
César al decir en el título de su ponencia «estadísticas genuinamente
españolas» se refiere concretamente al juego del Mus, a la Lotería, al
peso de los toros de lidia después de toreados , y a la tienta de vacas.
Ejemplos, sin duda españoles como pocos. Divide
estos ejemplos en «prognosis» cuando se trata de complejos aleatorios
que obedecen a causas conocidas siendo los efectos que producen matemáticamente
predecibles, y «diagnosis» cuando
a través de algunos efectos se pretende deducir la ley de la aleatoria.
Para los ejemplos de diagnosis la fuente de las estadísticas es la
siguiente, para el peso de los toros de lidia la estadística se compiló
en 1911 y se refiere a 1000 toros lidiados en las principales plazas de
España, la estadística correspondiente a tienta de vacas se obtuvo a
finales del siglo XIX en las tientas anuales
de una ganadería brava castellana y lo hacían mediante la suerte
de varas. La
intención del autor es la de encontrar una expresión analítica que de la
probabilidad de presentación de los distintos valores que puede alcanzar
la aleatoria. Termina
el trabajo con un repaso a los riesgos para cuya valoración sería
precisa la concurrencia de un Actuario y que no tienen relación con el
Seguro de Vida : a)
Riesgo Cierto: para el caso de una Compañía de Electricidad que
conoce la potencia de la que dispone y la energía contratada por los
usuarios, quiere tener cubierto
el riesgo de no tener la electricidad disponible para satisfacer la oferta
contratada. Este riesgo se podría cubrir bien mediante una indemnización
que permitiera comprar la energía que no han sido capaces de producir o
bien mediante una especie de autoseguro teniendo un remanente de energía
alternativa. b)
Riesgo Incierto: Seguro
de Incendio. c)
Riesgo Definido: sería
el caso de una fábrica de lentes la cual conoce la estadística de
errores producidos en la fabricación. El autoseguro quedaría cubierto
incrementando en las lentes sanas un sobreprecio. d)
Riesgos Elegidos: si el Estado contrata un porcentaje de la carga
del avión para mercancías y el resto del espacio no es suficiente para
la demanda de pasajeros del mismo avión, ocurrirá que el exceso de
demanda e irá a otra compañía aérea. Este riesgo es conocido a priori. D.
Antonio Matoses Solves (Jefe de Estadística de la Caja Nacional de
Subsidios Familiares) con su trabajo «Sugerencias
en torno a los subsidios familiares. Aspectos social y demográfico»,
nos sitúa en unos años en los que la alta natalidad
era todo un activo en las familias españolas. Cita al Papa León
XIII y a su Encíclica «Rerum Novarum» (anterior a la Gran Guerra) según
la cual el salario familiar debía de ser justo para cubrir las
necesidades familiares del trabajador.
Serán
Francia y después Bélgica los que después de la I Guerra Mundial
instituyan el primer Subsidio Familiar intentando cambiar la tendencia
decreciente en la natalidad de aquellos años. D.
Antonio subraya que no es la intención de las políticas potenciadoras
del subsidio familiar fomentar el aumento indirecto de ingresos ya que no
compensa «el sinfín de venturosas
cargas sagradas y
obligaciones que se contraen con la venida de un hijo» ya que en
«la natalidad influye sobre todo la voluntad de Dios». En
definitiva que no pretendió el subsidio familiar que nadie hiciera su
agosto a base de traer hijos al mundo. Aunque, inevitablemente al saber de
la existencia de una ayuda pública si pudo fomentar la creciente
natalidad española de la época. Sin embargo no siempre «la voluntad
Divina quiso conceder el desarrollo esperado de la implementación del
subsidio familiar», ya que hay que contar con la mortalidad infantil
y con la mortinatalidad (porcentaje de niños nacidos muertos). El
subsidio tenía computados un total de 4 millones de personas
pertenecientes a la clase trabajadora, sin embargo sólo se recibían
cuotas al subsidio de 2.400.000, esto se debía al sector agrícola. Esta
disparidad se remedió entonces con la creación con el Régimen Especial
Agrario. A
grandes rasgos si la cuota que se pagaba al Subsidio era de un 6% X el
salario, de media el salario de trabajador se veía incrementado en un 15%
cuando causaba derecho al subsidio familiar. Este porcentaje sería
diferente en función de los hijos menores de 14 años del trabajador. La
cifra total de subsidios que se preveía
pagar en 1944 alcanzaba la cifra de 700 millones de pesetas con el
Régimen Agrario incluido. Para
el trabajo aportado por D. Angel Vegas Pérez
«Deducción abreviada de la fórmula de Stirling para el cálculo de n
factorial» no es posible hacer una referencia sin citar el desarrollo
matemático aportado, es por ello que me limito a decir que Catedrático
de la Escuela Central de Altos Estudios Mercantiles llega a la conclusión
de que la fórmula de Stirling, ya estudiada por numerosos tratadistas de
Análisis y Cálculo de Probabilidades, Serret, Borel, Castelnuovo,
Puig... sólo consigue una demostración abreviada
mediante la fórmula de Eüler – Maclaurin . Realiza
el Catedrático de la Escuela Central de Altos Estudios Mercantiles, D.
José Antonio Estrugo Estrugo, a través de su ponencia «La
sucesión financiera aplicada a los préstamos y empréstitos», una
comparación matemática entre los problemas derivados del cálculo de préstamos
y empréstitos y el cálculo actuarial. El objeto de este estudio es
sistematizar el cálculo de la anualidad de amortización y de la prima
pura de distintas modalidades de seguros, de modo que para ambos cálculos
se pueda recurrir al desarrollo matemático expuesto al considerar ambos cálculos
casos particulares de dicho desarrollo. Dos
ponencias más de este Catedrático como son
«Contribución a la investigación del tanto de interés en las rentas
ciertas» en la cual utiliza el cálculo logarítmico para despejar el
interés financiero y «Contribución a la
resolución de ecuaciones numéricas (los números directos y rotados)»
a través de cuya exposición ahondamos en los números primos y en la
resolución de raíces aritméticas hasta llegar a crear una tabla de números
directos y rotados con raíces aritméticas simples.
Con
una introducción sobre la relación entre ciencia y política, sobre la
imposibilidad de observar el mundo desde la perspectiva científica
aislada de los hechos imprecisos que surgen del campo de la vida social, y
de cómo la política influye directamente en la sucesión de hechos
imprevistos (a ojos de la ciencia) en el desarrollo de la vida y de cómo,
finalmente, la política ha de recurrir a la ciencia para explicar los
hechos que pretende encauzar, nos expone D. José Ros Jimeno en su escrito
sobre «La natalidad y el futuro
desarrollo de la población en España».
Muestra el autor una honda preocupación por el descenso de la
natalidad en España, ya que según él la natalidad es el índice de la
«vitalidad». Para
hacer una proyección de los índices de población al año 1980 utiliza
las curvas de natalidad y nupcialidad llegando a conclusiones según las
cuales, en caso de mantenerse la tendencia del año del estudio (1943), en
1980 los nacidos no reemplazarían a sus progenitores. Confronta las
curvas de fecundidad y natalidad, que siguen análoga pendiente, y hace
una exposición de los métodos de Czuber, Burgdörfer, y Kuczynski para
medir la reproductividad . Los
resultados obtenidos son que la reproductividad neta que en 1922 era de
1,344, en 1932 bajó a 1,277 llegó en 1937 a 1,03 rozando el mínimo
necesario para medir el volumen de población en 1943. Asimismo realiza
una nueva comparación entre la tendencia de natalidad y la de mortalidad
(análoga a la realizada entre nupcialidad y natalidad) llegando a la
misma conclusión , en 1980 la población sería estacionaria. El tono
pesimista del estudio reside en la idea
del autor de que España tenga una población de 40 millones
analizando cuándo y cómo puede llegar a ser un hecho tal aspiración.
Parte de este objetivo deseable se lo imputa este estadista al «ímpetu
vital de la juventud de hoy y los postulados fundamentales de la revolución
Nacionalsindicalista» ya que
«Cabe pues confiar que las futuras generaciones, instalada en sus
almas la alegría y el orgullo de su Patria, le den (a la Patria) numerosos
hijos que la fortalezcan y engrandezcan». De
la preocupación de este miembro del Cuerpo Facultativo de Estadística
por el descenso de la natalidad, nada más explícito que su deseo puesto
de manifiesto en la última frase del escrito : «Quiera
Dios que contribuya este trabajo a avivar en España el interés por los
estudios demográficos y, en nuestros días, especialmente, por el estudio
de la natalidad». Aprovechando
el acceso a determinada información, elabora D. Francisco de Ipiña y
Gondra un estudio sobre los «Antecedentes
para el estudio de una ley de supervivencia de un grupo profesional».
D. Francisco, Actuario al
servicio del Instituto Nacional de Previsión, parte de una Mutualidad
constituida en 1930, Previsión Médica Nacional, que abarca gran parte de
las profesiones sanitarias españolas de la época. En la fecha del
estudio contaba con 19.512 asociados y con un volumen de socorros
asegurados de 450.235.000 pesetas. En el estudio de este grupo humano D.
Francisco elabora una Tabla de Mortalidad específica y llega a
conclusiones respecto a la mortalidad real ocurrida no demasiado dispares,
aunque como insiste a lo largo de estudio las estadísticas de las que se sirvió
no estaban del todo completas. De
la relación entre las Cajas de Ahorros y la Previsión trata el artículo
de D. Francisco Ruiz de Diego (Secretario de la Confederación Española
de Cajas de Ahorro y del Instituto de Crédito de las Cajas Generales de
Ahorro) titulado «Las Cajas de
Ahorro, precursoras de los Seguros Sociales». La intención del autor
es hacer un recorrido por la historia para demostrar el interés de las
Cajas de Ahorro en la previsión social, este recorrido histórico queda
resumido como sigue. El
25 de octubre de 1838 se publicó el Real Decreto por el que se aprobaba y
ordenaba el establecimiento en Madrid de una «Caja de Ahorros y de
Previsión» que posteriormente se uniría al «Monte de Piedad» fundado
en 1702. La lógica de esta relación es simple para el autor, si el
ahorro se genera del interés compuesto y obtenemos rentas ciertas, con sólo
considerar la mortalidad ya entramos en la previsión de segundo grado o
seguro. En 1863 D. José García Oliver (sucesor del Marqués de Pontejos,
cofundador con Mesonero Romanos de La primera Caja de Ahorros Española)
habla de una «Caja de Ahorros de la Vejez», destinada a «asegurar
la suerte material del proletariado para el día en que, debilitados sus
miembros por la edad, tenga que abandonar el trabajo, para pasar como
puedan los últimos días de su existencia». También el «Monte de
Piedad y Caja de Ahorros de Santander»
demostró interés por el fomento de la previsión
entendida «a
algo más que el mero ahorro puede dar, y de hecho está dando en otros países,
prodigiosos resultados en la resolución del problema social y de cuanto
se relaciona con la debida protección a las clases trabajadoras». La
Caja de Ahorros de Guipúzcoa
creada en 1895 estableció en 1899 una «Caja de Retiros para la Vejez y
los Inválidos para el Trabajo» y fue la primera entidad en practicar
operaciones como las rentas vitalicias a capital cedido y reservado,
diferidas e inmediatas. También en Barcelona y como consecuencia de la
tentativa de huelga general en 1902 se abrió una suscripción pública
que luego se destinó a la creación de una institución con el nombre
“Caja de Pensiones para la Vejez y Ahorros”. Esta institución
realizaba operaciones de
capitales diferidos y de pensiones vitalicias inmediatas y diferidas. Gran
novedad fue la «Libreta de Ahorro con pensión» que era una libreta de
ahorro cuyos intereses no se acumulaban al saldo de la cuenta sino que se
ingresaban como imposición en la libreta de pensión diferida como
constitutiva de la pensión, contratada a favor del mismo titular de la
libreta de ahorro. Por este interés de las Cajas de Ahorro en la previsión
social se convoca, a propuesta del Instituto de Reformas Sociales, la
primera Conferencia Nacional de Previsión
Popular en 1904. En esa conferencia se proyectó lo que sería el «Instituto
Nacional de Previsión». Ya en 1913 a propuesta del Instituto Nacional de
Previsión y del Instituto de Reformas Sociales,
se invitaría al Banco Hipotecario con el fin de estudiar la acción
colaboradora entre las Cajas de Ahorros y el Banco Hipotecario en el régimen
legal de Previsión popular y de Casas Baratas. Ya en 1935 en el III
Congreso Internacional del Ahorro que se celebró en París, tuvo lugar la
exposición sobre «El Ahorro y el Seguro de Vida» desarrollada por ocho
ponentes de distintas
nacionalidades. El ánimo de todos ellos fue poner de relieve la actuación
de las Cajas de Ahorro en los diferentes países en relación con la
previsión social en segundo grado o seguro. |
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Antonio Lasheras-Sanz, primer presidente del I.A.E. |
Las conferenciasA
los métodos de valoración médico-actuariales nos acerca el Dr. en
medicina D. C. Collado mediante su trabajo «La
Medicina y el Seguro sobre la vida humana».
El momento en que apareció el control médico en la contratación
de seguros de vida fue en 1762 en Londres en la compañía «The Equitable
Society for Assurance on Lives and Survivorships» que, además de
utilizar una tarifa de primas basada en tablas de mortalidad, exige un
certificado de salud firmado por dos testigos, uno de los cuales tenía
que ser médico. Ya en 1779 se exigía además un dictamen médico. La
selección médica sistemática en el seguro de vida la introdujo en 1824
el Dr. Pinkard al fundar la «Clerical, Medical and General Life Assurance
Company». En 1906 en Berlín tiene lugar el IV Congreso Internacional de
Seguros que constituye, en realidad, el primer Congreso de la Medicina del
Seguro de Vida. Congresos exclusivos de esta materia se celebrarían en
1935 en Londres, y en París en 1939. |
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